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Un artículo de Fernando Oliva Poch
Amigos pescadores:
Tras cuarenta días de confinamiento, parece ser que se prevé un levantamiento del mismo para dentro de tres semanas. No nos engañemos: el fin del confinamiento no va a comportar una vuelta a la normalidad, entendiendo normalidad como el tipo de vida de que llevábamos antes, al menos por un período de tiempo, que se presume largo.
Independientemente de considerar si la gestión de la crisis, mediante uno de los confinamientos más largos y restrictivos, con las libertades y derechos individuales de los ciudadanos, de toda Europa, la que si que es objeto de este escrito es, como no podría ser de otra amanera en un foro de pescadores, en cómo, cuándo y en qué condiciones vamos a volver a pescar.
Por tanto, ahora con tiempo de sobras, es cuestión de alertar a nuestros representantes, o sea la Federación Nacional, las Federaciones Autonómicas y las Sociedades de Pescadores locales, de que pueden encontrarse con muchas restricciones injustificadas para nuestra vuelta al río, fruto de la ignorancia que las clases políticas, y sus burócratas delegados, tienen de la pesca.
Aquí en Catalunya, mi Comunidad Autónoma de residencia, estamos tristemente acostumbrados al desencuentro, con una Administración a la que pagamos impuestos y tasas, los cuales no revierten directamente en el medio natural, y con la que a menudo colisionamos, al ser nuestros interlocutores, frecuentemente desconocedores de la realidad de la pesca.
Desde la experiencia de los pescadores catalanes, se puede deducir que el desconocimiento de lo que es la práctica de la pesca, como actividad recreativa, puede llevar nuestra afición caiga en el saco del olvido, cuando no de la postergación, por ser considerada algo así como un deporte, para el que habría las mismas condiciones de contacta que en otros que requieren vestuarios o polideportivos, o una recurso turístico, cosa que sí que es, pero no forzosamente ha de serlo, si las circunstancias no se dan.
Aparte de que los pescadores ejercemos nuestra actividad mayormente en solitario, y que se recomienda guardar una distancia mínima entre pescador y pescador, creo que el tema del distanciamiento social está más que garantizado.
Se corre el riesgo, de que, al ser una actividad en la naturaleza, se nos pretenda equiparar, en riesgos, a otras de alta siniestralidad, como la escalada, el montañismo, las diferentes modalidades de esquí, los deportes de aventura o el senderismo, pero se debe recordar a las Autoridades que nuestras licencias federativas están cubiertas por los respectivos seguros que cada año acreditan la bajísima siniestralidad en la práctica de nuestra afición.
Respecto a la movilidad y a la interacción con gentes de otros territorios, insisto como en anteriores de mis escritos sobre este tema, que la inmensa mayoría de pescadores sabrá adaptarse a la falta temporal de bares, restaurantes y alojamientos, pues no creo que suponga ningún sacrificio el llevarse la comida y la bebida de casa durante un tiempo, por más que nos duela no poder contribuir, con nuestros hospedajes y consumiciones, a la reactivación del turismo de muchas comarcas; tiempo habrá de volver a los saludables hábitos, de buen yantar y buen beber de antes.
Por si fuera poco, las Administraciones, con los escasos recursos que, a menudo, pueden destinar a la vigilancia del medio natural, no deberían desaprovechar la presencia de pescadores legales en los ríos, pues es bien sabido que no hay mejor manera de luchar contra la lacra del furtivismo, que la presencia de pescadores dispuestos a denunciar infracciones. De hecho, al menos en Catalunya, muchos pescadores legales son potencialmente, aunque no de un modo reconocido, colaboradores de la autoridad y de sus agentes.
Respecto al mar, descontando las medidas que se puedan tomar para el distanciamiento social en embarcaciones, lo cierto es que rige lo mismo que para el río: los pescadores, de hecho, en la temporada estival acceden a las playas dentro de las limitaciones de los denominados Planes de Uso, y tanto en las mismas, como en los espigones, ya tienen bastante práctica en distanciare, más que nada para no cruzar, ni enredar aparejos. En el tema de las embarcaciones, tampoco creo que haya demasiado problema si se adecuan las distancias ente personas, con el tamaño de la embarcación. Es más, a fecha de hoy, por imperativos económicos siguen saliendo a faenar los pescadores comerciales.
Ahora toca, más que nunca, ir todos a una, para que la vuelta al río sea lo antes posible, si, pero también, en la medida que un Estado Autonómico lo permite, con la máxima igualdad, evitando privilegios para unos y discriminación para otros, cuando en realidad todos pagamos los mismos impuestos y las mismas tasas para acceder al río. Es por eso, que ahora tenemos el deber de vigilar que, aprovechando el desigual desescalado del confinamiento, algunos sucumban a la tentación de volver a ese estado de regalía feudal, que antaño era la pesca en determinados reductos caciquiles.
En resumen, espero que sirva este escrito, aunque sea de un particular que es pescador poseedor de licencia, afiliado a la federación y miembro de una sociedad, para que la gente que nos representa este muy atenta a la gestión de nuestra vuelta al río, sepa defender los intereses de todos y, si se diese el caso, luche con firmeza y con todas las armas legales posibles para que nada, ni nadie, impida, siempre cumpliendo con la Ley, el retorno de los pescadores a los ríos y al mar.
¡¡Un abrazo y Líneas Tensas!!